¿Cuánto vale tu tiempo?

Si hay algo que me apasiona, es estudiar la biografía de aquellas personas que se supieron destacar por ser altamente eficaces y operativas en la vida. Podríamos definirlas como personas “exitosas”, desde la óptica de la PNL.

Creo con absoluta honestidad, que la diferencia que hace la diferencia entre las personas, no son el color de piel, de ojos o el sexo. Son otros los condicionamientos que lo determinan, y que sin duda, son las estructuras mentales y las creencias que almacenamos en nuestra mente.

Recuerdo una frase de Richard Bandler que dice: “Tus creencias no están hechas de realidades, sino más bien, es tu realidad la que está hecha de tus creencias.”

Y sinceramente, es éste principio el que me dispara un profundo interés y motivación para investigar sobre la vida y obra de esas personas que se destacaron. Porque de ellos podemos aprender muchísimo y trasladar esos patrones mentales a nuestra vida personal.

Es por todo lo señalado, que quiero compartir en esta oportunidad algunos detalles del famoso escritor y conferencista internacional Robert Kiyosaki, autor del best seller ”Padre Rico, Padre Pobre”.

Es importante destacar que Robert Kiyosaki no solo se detuvo al escribir dicho libro, sino que continuó con otras ediciones y además desarrollo en sociedad con su amigo Kim un juego de mesa llamado Cashflow, que fue pensado para formar a las personas en los principios de la inteligencia financiera. De todos modos, no es mi intención en este artículo, detenerme a analizar las características del juego en sí mismo, ni tampoco, hablar de sus libros. Sino en contar una pequeña anécdota sobre el lanzamiento al mercado de su juego, que nos va a revelar algunas de las estructuras mentales de Kiyosaki, que lo llevaron a ser lo que hoy es.

Robert Kiyosaki cuenta que en el año 1996 el juego Cashflow ya estaba terminado y listo para salir al mercado. Solo faltaba un “pequeño detalle”… ponerle el precio de venta al público.

Contaban con un dato muy concreto… el costo por unidad oscilaba en 46 dólares. Frente a este hecho, decidieron invitar a un reducido grupo de personas allegadas para llevar adelante una partida. El objetivo no solo era divertirse, sino también, que los conocidos puedan hacer sus aportes y comentarios sobre el juego de un modo sincero y abiertos. Para lograrlo, en ningún momento les explicaron que ellos habían sido los creadores.

Finalizada la partida, como suele suceder con todo lo que nos rodea, las opiniones fueron muy amplias y diversas. Para algunas personas el juego les resultó una genialidad, para otros algo aburrido y no faltó quién lo consideró algo estúpido. De todos modos, a la hora de estimar un valor de mercado, las cifras oscilaban entre 20 y 40 dólares. Esto era en principio un inconveniente, ya que como habíamos señalado, el costo era de 46 dólares.

Lo paradójico, entonces, era que tratándose de un juego que apuntaba al desarrollo de la inteligencia financiera, aún no había salido a la venta y ya los números daban en rojo. Sin embargo, Kim y Kiyosaki no se desalentaron y siguieron investigando el mercado. En ese proceso, inclusive, conocieron a un importante asesor en la industria del juguete, que contaba con mucha experiencia en juegos de mesa. Pero su opinión no se apartó de lo que ya habían recabado con sus amigos. El asesor creía que como máximo podían ofrecerlo en el mercado a 39 dólares.

Ante este panorama, y como suele suceder con este tipo de personas, siguieron adelante con su propósito, sin desfallecer.

En medio de tanta incertidumbre, Kiyosaki asistió a una conferencia sobre mercadotecnia en Phoenix. Y fue allí donde el conferencista le dio una importante clave, que daría por finalizada todas las dudas que lo atormentaban a él y a su socio Kim.

Allí aprendió que existen tres escalas de precios para todo tipo de producto o servicio que se ofrece en el mercado: Un precio bajo, un precio intermedio y un precio alto. Y cada uno de ellos, tienen características psico-emocionales bien marcadas y diferentes.

El peor precio que se puede elegir es el del medio, porque nadie sabe quién eres. Por su lado si se selecciona un precio bajo o muy bajo, se atrae a un tipo de gente que se caracteriza por un estilo de pensamiento sostenido en la escasez, por lo tanto, no se van a conformar con el precio ofrecido, sino que solicitarán descuentos. Finalmente tenemos el precio más alto. En ese sentido, el conferencista enfatizó textualmente:

“Cuando elevé el precio de mis honorarios de 50 dólares la hora, a 25.000 dólares por día, trabajé mucho menos, pero gané mucho más y me deshice de los clientes tacaños”.

Robert Kiyosaki enseguida se dio cuenta, que debía modificar su perspectiva, y a partir de allí, tomó una decisión respecto al valor de juego Cashflow, diciéndole a su socio “Lo posicionaremos como el juego más caro del mundo”.

Es así que comenzó a plantear posibles valores. En una primera instancia pensó en 59 dólares, pero le resultaba barato,  y ya sabía que el precio bajo atraía a un perfil determinado de personas. Luego pensó en 99 dólares. Ese valor le resultó cómodo. Sin embargo, fue por más y subió la apuesta a un valor que lo incomodaba… 200 dólares, sin embargo, pensó que ese sería el precio justo. Ya que esa incomodidad que sentía, lo sacaba de su círculo de confort, despojándose de una  “mente tacaña”, (así él lo señaló en su relato). Lo concreto es que salió a la venta y para el año 2004, ya se habían vendido más de 350.000 juegos de Cashflow.

Ahora bien…cuanto hay para reflexionar sobre esto ¿Verdad?…

Quizás al principio lee su relato y resulta fuerte e impacta emocionalmente… pero luego si bajamos las cargas emocionales y lo analizamos con un poco de profundidad, empezamos a comprender que cuando nosotros ofrecemos un servicio, (el que sea), le estamos poniendo un valor a NUESTRO TIEMPO. Por lo tanto, se esta poniendo en juego nuestra auto-estima.

¿Cuánto vale tu tiempo?… a la hora de monetizar tu trabajo y esfuerzo, ¿lo has considerado?

Las personas valorizan la calidad de un profesional en función de sus honorarios y eso no esta mal, solo que a veces, confunden ciertas cosas, por ejemplo: Hay quienes consideran “caro” que un profesional se pare ante un auditorio una hora y cobre tal o cual precio. La pregunta sería ¿Caro en comparación con qué?

Un profesional cuando se para ante un auditorio, no esta cobrando una hora de sus servicios, esta cobrando los años que le llevó adquirir sus conocimientos. Por eso te vuelo a repetir… ¿Cuánto vale tu tiempo?… a la hora de monetizar tu trabajo y esfuerzo, ¿lo has considerado?

Para finalizar y que puedas analizarlo con mayor exactitud te digo… recuerda que el tiempo es lo único en la vida que no podrás recuperar jamás.

Te lo dejo para que lo reflexiones.

Juan Carlos Lorenzo

Arquitecto, Psicólogo Social
Master Trainer en PNL & Coach Ontológico

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