¿Buena suerte o mala suerte?

Don Liborio vivía con su hijo en una casita del campo. Se dedicaba a trabajar la tierra y tenía un caballo  para la labranza y para cargar los productos de la cosecha, era su bien más preciado. Un día el caballo se escapó saltando por encima de las trancas que hacían de corral.

 

Los vecinos que se percataron de este hecho, corrieron a ver a Don Liborio para avisarle y consolarlo:

 

-Se escapó tu caballo, ¿qué harás ahora para trabajar el campo sin él?  ¡Qué mala suerte has tenido!

 

El hombre los miró y les dijo:

 

-Mala suerte… buena suerte… ¿quién lo sabe?

 

A los pocos días el caballo volvió a su corral con una recua de caballos salvajes. Al ver esto los vecinos, fueron a ver a Don Liborio y le dijeron:

 

-Ya regresó y con una recua además  ¡qué buena suerte has tenido!

 

El hombre los miró y les dijo:

 

-Buena suerte… Mala suerte… ¿quién lo sabe?

 

Unos días más tarde el hijo montaba uno de los caballos salvajes para domarlo y calló al suelo rompiéndose una pierna. Otra vez los vecinos  corrieron a ver a Don Liborio  para decirle:

 

-¡Qué mala suerte que se haya caído tu hijo del caballo  ahora no podrá ayudarte en labrar la tierra!

 

El hombre, otra vez los miró y les dijo:

 

-Mala suerte… buena suerte… ¿quién lo sabe?

 

Unos días después paso la leva llevándose a todos los jóvenes a la fuerza para la revolución  pero al hijo lo dejaron por estar impedido  Nuevamente los vecinos corrieron a ver a Don Liborio para decirle:

 

-Qué bueno que no se llevaron a tu hijo por tener la pierna rota. ¡Qué buena suerte has tenido!

 

Otra vez el hombre los miró y les dijo:

 

-Buena suerte… Mala suerte… ¿quién lo sabe?

 

MORALEJA: Cuando juzgo todos los acontecimientos que suceden en mi vida, vivo en constante sufrimiento, porque las cosas no son como yo quiero que sean. En el momento en que acepto, que la vida es como es y no puede ser de otra manera, que por más que me enoje, que llore, que maldiga, las cosas no cambiarán solo porque lo digo yo, el sufrimiento desaparecerá de mi vida.


Juan Carlos Lorenzo

Arquitecto, Psicólogo Social
Master trainer en PNL & Coach Ontológico

 



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