Alcoholismo y drogadicción en la adolescencia

Vivimos en un mundo globalizado que nos lleva a un proceso mundial de masificación y tecnificación de la cultura, en la cual existe una penetración muy importante de aquellas culturas de los países altamente industrializados, transformándose en símbolos o modelos a seguir.

En ese contexto, las problemáticas de la drogadicción y el alcoholismo van en franco aumento como resultado de la absorción de muchos factores de esa globalización, que atentan contra la comunicación y la reunión en el hogar y la familia.

Sabido es que el adolescente al vincularse con el alcohol y las drogas, lo que intenta es encontrar una salida o evasión a las angustias propias de su edad, pero los modelos globalizados y la intervención tecnológica, no hicieron más que acentuar la falta de comunicación y contención familiar.

En el caso específico de las drogas, fácilmente podemos observar que ya está incluida la idea o concepción farmacológica dentro de la vida social como algo “naturalizado”.

Los adolescentes al ser atravesados por estos modelos, y al observar que sus mayores, son importantes consumidores de psicofármacos para hacer frente a los desafíos que la sociedad moderna les presenta, entonces, lo “naturalizan” y a temprana edad comienzan a transitar por los mismos senderos. “Si nuestros padres también lo hace, porque no lo vamos a hacer nosotros” – dicen.

Lo cierto es que el adolescente no hace más que llevar un poco más lejos, aquello que los adultos hacen. Es por ello que hoy podemos ser testigos de numerosas manifestaciones que buscan liberar la comercialización de distintas sustancias. Lo tienen tan “naturalizado” el tema, que les resulta absurdo e incongruente que se siga ocultando y prohibiendo. Pero en el fondo se trata de una opción negadora de la problemática psicológica y existencial que se vive, donde un “porro”, una pastilla, un psicofármaco o una bebida alcohólica, sustituye el diálogo con el otro y con la familia.

Frente a todo esto, podemos afirmar que la búsqueda “moderna” está orientada a una estrategia de atontamiento químico para no enfrentar o superar realmente los conflictos que las distintas etapas vitales de la vida nos propone.

Las angustias y contradicciones que el adolescente atraviesa son naturales. Ellos necesitan salir del seno familiar y vincularse con sus pares para constituir su identidad. Este fenómeno supone todo un desafío, pero es lo que le permite madurar y asumir su individuación. El inconveniente radica en que este mundo globalizado en el cual estamos inmersos, hoy nos ofrece un enorme aparato multidimensional de psicofármacos, bebidas alcohólicas, cigarrillo y aparatos tecnológicos, que nos induce a evadir y no afrontar las problemáticas lógicas y naturales de las distintas etapas de la vida.

Decir que las drogas son malas, es caer en un error. Ellas en sí mismas no son ni buenas, ni malas. Todo dependerá de la intención que tenga su uso. Por dar un ejemplo, puedo citar a algunos pueblos originarios de Latinoamérica, que saben incluir ciertas drogas en sus ceremonias y rituales, pero a diferencia del uso que le damos en las sociedades globalizadas, estos pueblos originarios utilizan dichas sustancias para la socialización. Es decir, que son herramientas para facilitar el encuentro y el acercamiento solidario y amoroso de sus integrantes, o bien, para enfrentar incógnitas existenciales que pueden tener como seres humanos. En cambio el uso que se le da en las sociedades globalizadas y altamente tecnológicas es absolutamente diferente. En estos casos las drogas y el alcohol son instrumentos de evasión y para tomar distancia de cualquier acto de sociabilización, ya que las ceremonias y los rituales en las que se propone el diálogo, como puede ser una reunión familiar a la hora de la cena, están cada día más destruidas por el modelo social. El dialogo entre padres e hijos, en ese ritual, fue sustituido por la percepción receptiva y pasiva de la información a través de distintas pantallas, (TV, Tablet, celulares, etc.)

Las interacciones familiares cada vez son más reducidas y la cultura tecnológica ha determinado que el individuo vaya perdiendo espacios y vínculos como lo son el hogar, (la familia), y el espacio comunitario de las instituciones de base, como por ejemplo los clubes barriales, las sociedades de fomento, etc., que son formadoras de un tejido social sano.

Solo existen las instituciones formales que son dirigidas y organizadas desde el Estado, grandes clubes o empresas anónimas, donde no hay participación de sus miembros. Por ejemplo: Escuelas, universidades, grandes clubes, etc. Ninguna de ellas permite expresar la singularidad de los grupos y de las particularidades de ese momento social e histórico, con las preocupaciones y proyectos específicos de los sujetos que componen el espacio comunitario de esa institución.

“El adolescente no hace más que llevar un poco más lejos, aquello que los adultos hacen”.

La identidad de una persona depende de su integración activa y dialógica en un grupo comunitario, es decir que supere su grupo interno (su familia). Este pasaje de la familia donde tuvo el rol de hijo, al grupo de pares donde va a encontrar su pareja y realizar su proceso de individuación se llama el proceso de exogamia. Este proceso en la sociedad tecnológica está perturbado pues el tejido social, como ya hemos expresado, está destruido o controlado verticalmente por el Estado o por grandes clubes y empresas (donde quien decide no forma parte de la comunidad). Este va creando el habitante-robot, que pasivamente piensa y hace lo que pensaron o decidieron otros, es el hombre-programado.

La escuela, la universidad, la televisión, los medios, las grandes empresas de “diversiones”, están sustituyendo los antiguos espacios de socialización: la cuadra del barrio (la solidaridad vecinal), las sociedades de fomento, y todos los grupos de creatividad, la “barra de la esquina”, el café de barrio, las murgas carnavaleras, la parroquia y todas las ceremonias espontáneas (actualmente diríamos autogestivas) de los pibes, los adolescentes, los adultos.

¿Por qué decimos esto en una problemática de alcoholismo y drogadicción?

Porque este tipo de sociedad tecnológica a la cual vamos no asegura espacios dialogantes, la persona es bombardeada por miles de mensajes que se constituyen en una programación pero la persona no tiene la posibilidad de contestar esos mensajes, los medios masivos no tienen vuelta, el televisor (como también la radio, el cine y la prensa) no tiene oídos, es como un manipulador que induce ideas y conductas pero que no recibe lo que cada mente procesa con cada mensaje y sabemos que la identidad, la singularidad de un individuo tiene que ver con su oposición dialéctica con el modo de contradecir, transgredir creativamente el mandato dado. Yo soy porque opto por algo nuevo que me singulariza.

Y para finalizar este análisis, debemos dar la última etapa de este proceso de manipular, de programar habitantes anónimos, porque el resultado es la dificultad de crear un núcleo de identidad, un proyecto vital propio que dé un sentido a cada vida.

Especialmente los jóvenes adolescentes, frente a todo este panorama, pueden tener dificultades para organizar su realidad, y en cualquier momento, el sentimiento de existencia puede perder sentido, entonces, caen en la vivencia del vacío, esta sensación de conciencia detenida que es productora de un gran monto de angustia, y puede transferirse a una angustia de muerte. Este sentimiento de soledad es insoportable y cualquier cosa para salir de él es útil. Aquí, es cuando aparecen las soluciones “mágicas” que son las sustancias química-tecnológicas, (alcohol y drogas), un procedimiento artificial para sentir que todo vuelve a moverse.

Comprendemos que la adolescencia es una etapa de profundos cambios para cualquier individuo. Muchas de sus ansiedades y conflictos devienen de los factores ya señalados. El inconveniente es que los grupos primarios, (familias), en muchos casos, lejos de contener y acompañar a sus hijos adolescentes en su proceso de crecimiento, se transforman en depositarios de numerosos aspectos alienados de dicha estructura grupal, sumergiéndolos en un clima aún mayor de inseguridad, incertidumbre y miedos.

Por todo lo señalado, no solo creemos, sino que estamos convencidos, que se debe afrontar la situación desde un análisis preventivo y más completo, ya que esta acabadamente demostrado que los programas y tratamientos que se insertan cuando la situación se desencadenó, no alcanzan.

Juan Carlos Lorenzo

Arquitecto, Psicólogo Social
Master Trainer en PNL & Coach Ontológico

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