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DAME PALABRAS PARA LOS COLORES Y LOS PODRÉ DISTINGUIR MEJOR

En la década de los 40 ciertos estudiosos realizados por Edward Sapir y Benjamin Whorf dieron origen a una corriente de pensamiento que cada día está tomando mayor envergadura y en la cual se afirma que existe una estrecha relación entre el lenguaje que una persona habla y la forma en la que ésta entiende y conceptualiza el mundo.
 
Podemos afirmar sin temor a equivocarnos que la forma en que pensamos está íntimamente ligada a nuestro lenguaje y esto no solo tiene que ver con factores cuantitativos, sino también cualitativos.
 
Pensamos gracias a las palabras, de manera que no piensa del mismo modo una persona que maneja en su vocabulario 5000 palabras que otra que solo maneja 800. Esto hace referencia a lo cuantitativo. Pero, además, es importante comprender que también nos condiciona el tipo de idioma que hablamos. Lo que intento decir con esto es que no piensa del mismo modo una persona que habla español, que otra que habla inglés, ruso, alemán, francés o chino.
 
En un libro editado en el año 2010 por el profesor Guy Deutscher. Este investigador vuelca muy interesantes trabajos realizados desde lo lingüístico. Por ejemplo, hizo una comparación entre personas que hablaban ruso e inglés y descubrió que las personas que hablaban ruso tenían mayor capacidad para distinguir dos tonos de azul. Esto se debía a que los rusos para referirse al color azul cuentan con dos vocablos, mientras que los ingleses solo con uno.
 
En el mismo libro documenta que llevó adelante estudios lingüísticos con tribus indias y descubrió que el contenido de sus idiomas es más amplio en referencia a conceptos espirituales que cualquier otro idioma de origen occidental. De hecho, afirma que muchos de los términos no se pueden traducir a nuestros idiomas porque son directamente incomprensibles.
 
¿Ahora comprendemos por qué los hindúes son tan espirituales?… Su idioma hace mucho más foco en esa área de sus vidas que cualquier otro idioma occidental y en consecuencia tienden a depositar más su atención en ello.
 
Aquí me detengo en aquello que decía “George Orwell”: “Lo que no forma parte de nuestra lengua, no puede ser pensado”
 
Algo así ocurría en la antigua Grecia… En ella no había una palabra para poder distinguir el color azul, por lo tanto, era algo que por aquel entonces no se podía percibir. Luego a lo largo de los siglos las cosas se fueron modificando.
 
Por otro lado, en Cambridge se llevó adelante un importante estudio centrado en la psicolingüística basado en numerosos tests con personas que manejaban distintos idiomas. (chino, griego, español, indonesio, ruso, inglés y el de los aborígenes australianos)
Un curioso ejercicio requería que los voluntarios describan con adjetivos objetos de uso diario.
 
Finalizado los estudios, los investigadores comprobaron que en función del género (masculino – femenino), que les atribuye el idioma a los objetos se modifica la percepción. Así, por ejemplo, las llaves que para los hispanoparlantes es de carácter femenino fueron consideradas como “intrincadas”, “pequeñas”, “encantadoras”, “brillantes”. Mientras que, para los germanoparlantes, llave es un sustantivo masculino y las percibían como: “duras”, “pesadas”, “metálicas”, “útiles”
 
Lo mismo se llevó adelante con la palabra puente, que para los hispanoparlantes es de carácter masculino y fueron percibidos como: “grandes”, “peligrosos”, “largos”, “fuertes” y “robustos”, mientas que para los alemanes, en cuya lengua es una palabra femenina, fueron percibidos como “bonitos”, “elegantes», “frágiles”, “pacíficos”
 
En base a todo lo señalado me pregunto… ¿Hemos tomado dimensión de cuanto impacta el lenguaje en nuestra vida?
 
¿Cómo lo solemos utilizar?
¿De qué hablamos cuando hablamos?
 
Que tengas un hermoso día.

Juan Carlos Lorenzo
Pisc. Social, Master Trainer en PNL y Coach Ontológico



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