¿Qué es la procrastinación y qué se esconde detrás de ella?

¿Qué es la procrastinación?
 
La procrastinación o pereza es el acto que nos lleva a retrasar el hecho de llevar adelante una o varias tareas y reemplazarlas por otra u otras que nos resultan más agradable, pero a la vez, más irrelevantes.
La procrastinación es tan antigua como el mismo hombre y desde las neurociencias se ha podido determinara cual es la razón de su existencia. En este sentido, hoy estamos en condiciones de afirmar que es un acto natural motivado por el sistema límbico o también conocido como cerebro emocional. Dicha área cerebral, tiene aproximadamente una antigüedad de 200 millones de años en el proceso evolutivo y es la parte encargada de dar respuesta a nuestras emociones.
 
Entre otras funciones, el sistema límbico controla el “sistema de recompensa” que regula la secreción de dopamina. Un neurotransmisor que nos brinda una sensación de bienestar, gratificación y felicidad. Por ejemplo si recibimos un abrazo, una caricia u observamos un vídeo que nos provoca risa, inmediatamente el sistema límbico genera una descarga de este neurotransmisor que nos provoca esa grata sensación.
Ahora bien… el sistema límbico nos recompensa en forma inmediata cuando, a la hora de hacer nuestras tareas, nos enfocamos en aquellas cosas que más nos apetecen, o en su defecto, nos resultan en comparación con otras, menos desagradables.
 
¿La procrastinación puede transformarse en una enfermedad?
 
De hecho si este fenómeno se repite periódicamente, podemos volvernos “adictos a la procrastinación”, y quedar atrapados en un fenómeno de carácter psico-fisiológico muy difícil de salir, porque quedamos a merced de uno de los sistemas más básicos y potentes de nuestro cerebro.
En los últimos años se han desarrollado estudios sobre casos de proscrastinación, llegando a la conclusión de que puede transformarse en un fenómeno patológico, cuando comienza a existir una dependencia psicológica y fisiológica. Este fenómeno se da cuando la necesidad de bienestar se suple, momentáneamente, con la dopamina liberada por el sistema límbico al procrastinar. Son casos en los cuales tanto las emociones como las actitudes no le permiten a la persona llevar adelante sus tareas más importantes.
El inconveniente radica en que este tipo de actitudes, si bien a corto plazo generan placer, luego, provocan importantes niveles de estrés y frustración, que los lleva a alimentar el círculo vicioso, generándose nuevas tareas que lo gratifican, pero que son irrelevantes o menos importantes.
 
¿Cómo podemos salir de este círculo vicioso?
 
Si bien es cierto que la procrastinación puede transformarse en un fenómeno patológico y en tal sentido ser una enfermedad, tampoco debemos justificarnos en ello y echarle la culpa a una enfermedad.
Existe un correlato directo entre la actitud y la procrastinación y las neurociencias han podido comprobar que la falta de disciplina y voluntad de sacrificio alimenta la procrastinación, por lo tanto, son herramientas que podemos utilizar para salir de estos círculos viciosos.
Claro está que pedirle a una persona que acostumbra a procrastinar, que deje de hacerlo, es como pedirle a un depresivo patológico que “se anime”. De manera que a continuación te enseñaré sencillas técnicas, pero a la vez muy poderosas, que te puede ayudar mucho a salir adelante.
Enséñale a tu mente a cumplir objetivos y salir de la procrastinación
 
¿Qué tan fácil o difícil es el lograr objetivos?…
 
Cuantas veces dejamos tareas importantes o menos importantes para otros momentos. Es decir… procrastinamos.
Lo cierto es que procediendo de ese modo vamos cargando con un enorme paquete de cosas por hacer, que no nos motivan y no tenemos la menor idea de cómo y cuando las lograremos.
Para ser honestos debemos decir que no las logramos llevar a cabo porque no nos enfocamos en una tarea específica, sino que vemos un cúmulo de cosas por hacer y ello confunde a nuestra mente.
Una de las claves importantes a tener en cuenta es empezar a elegir una por una, en orden de importancia, las tareas a desarrollar y elegir el cómo y el cuándo queremos los resultados.
Establecer metas es elegir lo que uno quiere. Cuando vamos al cine, a cenar, a una fiesta, estamos eligiendo y estamos llevando a cabo una serie de procesos mentales con una habilidad del 100 %, puesto que logramos el objetivo. Incluso es un objetivo logrado con poco esfuerzo y al final placentero. Más sin embargo, nos engañamos porque llevar adelante esas tareas sí implicó esfuerzo.
Aunque parezca raro ir al cine es un gran esfuerzo: hay que elegir una película entre docenas, hay que elegir un horario, si vamos con alguien más, hace falta ponernos de acuerdo, desplazarse, lidiar con el tráfico y llegar al cine (aunque llueva) luego elegir algo para comer o beber y finalmente regresar a casa. De ese modo, sin darnos cuenta, gastamos mucha energía, tiempo e hicimos un sin número de elecciones, sin embargo logramos el objetivo de ir al cine y lo disfrutamos.
 
Por otro lado tenemos los objetivos “difíciles” o menos placenteros. Así los llamamos y por lo tanto, como nuestra mente obedece al lenguaje, efectivamente, se nos hacen difíciles. Por ejemplo, ¿qué tan difícil es arreglar el placar, ordenar los papeles del escritorio, hacer una cita con el dentista, o llevar adelante una dieta para adelgazar? Es “dificilísimo” ¿verdad?… pues porque no son metas agradables y entonces nuestra mente ya sabe que el patrón a seguir frente a las cosas “difíciles o desagradables”, es poner obstáculos, boicotearnos y sin darnos cuenta dirigimos nuestra mente con una habilidad del 100 % hacia la negatividad e imposibilidad. Y logramos el objetivo de no lograrlo y así seguimos procrastinando.
 
El primer patrón a tener en cuenta es que ponemos obstáculos y nos boicoteamos con el lenguaje. Recordemos que elaboramos pensamientos con palabras-lenguaje que influyen en nuestro estado de ánimo y nuestra actividad o inactividad. Frente a la necesidad, por ejemplo de adelgazar o ir al dentista seguramente pondremos obstáculos: “no tengo tiempo”, “ahora no puedo”, “no sé como comenzar”, “después lo hago”, “qué aburrido”, “mejor empiezo el lunes”. Al decir “qué difícil”, o “qué aburrido” el cuerpo inmediatamente obedece y caemos en la inactividad y repentinamente no tenemos energía suficiente para llevar a cabo ese objetivo que nos exige un “tremendo esfuerzo”. Cuando decimos: “después lo hago” estamos posponiendo sin determinar un tiempo preciso. “Después” es una palabra que implica un futuro muy amplio y al no tener la mente la precisión del tiempo, no hace nada.
 
Cuando se trató de ir al cine, no hubo obstáculos mentales ni boicot y los pensamientos-palabras-lenguaje nos llenaron de energía y fueron precisos, por lo tanto, no hubo lucha interna y no sentimos el esfuerzo.
Lo interesante de todo esto es aprender a descubrir que procesos mentales que nos llevan a cumplir con los objetivos “sin esfuerzo aparente” porque son placenteros, de manera que con este primer paso estaríamos utilizando una herramienta muy poderosa para empezar a poner el sistema límbico a nuestro favor. Para ello, la idea es transferir los procesos mentales positivos que ya sabemos usar, para metas motivadoras y enfrentar los objetivos “difíciles” con patrones mentales positivos y que nos llenen de energía.
Si en vez de decir: “que difícil es esto” ante la necesidad de hacer, por ejemplo, una dieta, decimos “lo hago con entusiasmo y sin esfuerzo” o “me organizo para empezar hoy mismo”, estos pensamientos nos reportan más energía, mientras que el pensamiento de dificultad nos quita la energía automáticamente. Al decir que “es difícil”, la mente se aplica para seguir instrucciones y el cuerpo, por lo tanto, también se pone en la misma frecuencia.
 
Es increíble la respuesta que obtenemos cuando cambiamos nuestro diálogo interno y dirigimos nuestros pensamientos, y en consecuencia logramos que el sistema límbico lo acompañe, para que trabajen a favor nuestro.
Empezar a dirigir nuestros pensamientos con un lenguaje positivo y palabras de acción, la primera clave para dejar de tener esa lucha interna de posponer tantas cosas que deberíamos hacer hoy.
Ponte a pensar cuántas tareas estas posponiendo y cuál ha sido tu diálogo interno. Analiza y cambia esas frases limitantes por otras más positivas, que impliquen acción y movimiento.
Entonces, una parte importante a recordar es el uso correcto y positivo del lenguaje. Hablamos que nuestro lenguaje nos puede llenar de energía y nos puede ayudar a conseguir lo que queremos. También hablamos que el lenguaje puede boicotearnos y un ejemplo son las palabras como: “difícil”, “después”, “estoy cansado” por citar algunas. También es importante prestar atención y desechar el lenguaje limitante que nos frena y nos impide realizar las tareas como por ejemplo: “no tengo ganas”, “ahora no”, “que aburrido”, “es demasiado para mí”, etc.
 
Si logramos reeducarnos y cuidar nuestro lenguaje, ya tenemos el primer paso para llegar a cumplir nuestros objetivos.
El segundo paso, dentro del proceso mental para lograr nuestros objetivos, es la vivencia total del resultado que deseamos. Este punto es muy importante ya que involucra todas las áreas cerebrales, para ello suelo aconsejar un ejercicio de Integración Neurológica.
Ahora bien, el lenguaje por un lado, nos sirve para plantear nuestro objetivo y la vivencia con los cinco sentidos, nos ayuda a llevarlo a cabo. No hay nada que hayamos hecho que no haya pasado por nuestra mente primero, sea consciente o inconscientemente. De manera que cualquier objetivo se somete a un proceso mental.
 
En el principio di el ejemplo de ir al cine y cómo nuestra mente, de alguna manera, fue utilizada para lograr ese objetivo sin esfuerzo. Lo logramos simplemente porque lo vivimos mentalmente antes de vivirlo en la realidad.
Cuando planeamos ir al cine, nuestra mente nos transporta a la butaca y nos vemos sentados placenteramente y gozando con nuestros cinco sentidos. Vemos la pantalla, olemos y degustamos los alimentos que llevamos, escuchamos la película, etc. En pocas palabras, nos enfocamos en el objetivo final y no tomamos en cuenta los obstáculos. De alguna manera, le mostramos a nuestra mente lo que queremos lograr.
Entonces el segundo paso importante para lograr nuestros objetivos es visualizarlos y vivirlos con todos sus detalles para que la mente sepa exactamente lo que buscamos. Esto significa ir al paso final y experimentarlo con total plenitud. Los objetivos “aburridos” o que motivan poco, no los logramos porque en ningún momento los vemos terminados. Nos quedamos atorados en el proceso.
Al visualizar, sentir, escuchar el objetivo terminado, por ejemplo hablando de la necesidad de adelgazar; visualizamos nuestro cuerpo esbelto, escuchamos lo que alguien nos puede comentar acerca de nuestra nueva silueta, etc., le estamos enseñando a nuestra mente lo que queremos y es por ello que cuando procedemos de esta forma, nos resulta más fácil lograrlo y lo hacemos con menor esfuerzo porque no estamos sumergidos en luchas internas, sino que por el contrario, tenemos a nuestra mente, y especialmente al sistema límbico, de nuestro lado, cumpliendo lo que le transmitimos y focalizados en el objetivo.
Lo que realmente agota y nos lleva a procrastinar no son los objetivos, sino las luchas internas, es por ello que eliminándolas, definitivamente el camino se allana.
 
Bien… es todo por ahora.
Te invito a que pongas en práctica las herramientas que aquí te he entregado y compartas tus logros. Ten en cuenta que tus comentarios, es una manera de retroalimentación y gratificación mutua, que sin duda, nos permitirá seguir avanzando juntos.
 
Un fuerte abrazo
Juan Carlos Lorenzo